«El árbol que quiso volar como los pájaros», de Julio Santizo Coronado (Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil)

cropped-white-roseEl árbol que quiso volar como los pájaros, de Julio Santizo Coronado (1965), fue editado entre julio y agosto de 2016 en Nicaragua, y en noviembre de aquel año ya había adoptado la forma que en 2017 se publicó bajo el sello Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil.

Este proyecto reúne a escritores de toda Hispanoamérica «en un amplio catálogo editorial compuesto por títulos clásicos y contemporáneos, divididos en series adecuadas a cada edad: prelectores, niños y jóvenes». Este título está disponible en Guatemala, El Salvador y Honduras. El libro ha sido bien recibido por docentes y jóvenes lectores desde su publicación.

Encontrará este título en el catálogo 2020 de Loqueleo, en las recomendaciones para estudiantes de tercer grado de primaria, clasificado bajo Amor, autoestima y sabiduría. Va dirigido a lectores de 9 años o más, aunque se estima que puede ser leído por estudiantes de toda edad infantil debido al carácter universal de los temas que trata.

Sinopsis

untitled«Los seres humanos se asemejan a dichosos árboles que crecen junto a ríos refrescantes, plantados en arboledas protectoras. Todo está a su alcance, nada temen; la vida es grata y segura. No obstante, algunos “arbolitos” desean aquello que no les corresponde. Dejándose llevar por meras palabras, han llegado a creer que se pierden de algo cuando en realidad lo tienen todo. Debido al anhelo egoísta o al capricho, pierden de vista lo más importante: el amor que se les brinda».

El libro incluye las hermosas ilustraciones de César Pineda Moncrieff, quien «nació en Guatemala en 1980. Es artista visual autodidacta y diseñador gráfico de profesión con estudios en la Universidad Rafael Landívar. Trabaja desde 2005 en agencias de publicidad en donde se desempeña como creativo gráfico. En su trabajo artístico experimenta con diversos materiales y formatos. Ha participado en diversas exposiciones en Guatemala y otros países. En 2014, su trabajo fue recogido en el libro Impacto latino, las mejores ilustraciones latinoamericanas, que fue publicado por la Universidad de Palermo en Argentina».

Análisis

Este libro aborda mediante situaciones ejemplares el tema del contentamiento y explica cómo este puede llegar a ser la clave de la felicidad. No debe entenderse el estar contento con lo presente como simple conformismo, sino como un estado de paz consigo mismo y con los demás que se obtiene al tener los pies sobre la tierra y ver la vida con realismo.

Calificado por algunos como una fábula, a pesar de no serlo desde el punto de vista formal, El árbol que quiso volar como los pájaros abraza en su breve narración dividida en capítulos cuyos protagonistas son aves y plantas, varios temas secundarios íntimamente ligados con la búsqueda de la felicidad, como la amistad, la tolerancia o la capacidad de soportarse unos a otros, y recibir con gusto los buenos consejos y rechazar la adulación y la lisonja de quienes no desean nuestro bienestar.

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Este y otros libros del autor son un atisbo a la intimidad emocional de quien ha rebasado el medio siglo de vida sin dejar de observar, escuchar y aprender, tanto de lo bueno como de lo malo, y a pesar de ello no perder la sensibilidad ni dejar de ser consciente de que la búsqueda de la felicidad y el equilibrio no solo requieren constancia, sino que son bienes frágiles, siempre rodeados de derrotas y pequeñas victorias que deben asumirse en su momento.

En una época en la cual muchos han llegado a reconocer que la competitividad ha llegado a rebasar los límites admisibles, y cuando muchos niños y adolescentes han llegado al extremo de darles fin a sus vidas por cosas banales o debido a la presión que el sistema les impone, El árbol que quiso volar como los pájaros se constituye en un instrumento literario que permite a los docentes y a los jóvenes alumnos de 8 y 9 años o más analizar la necesidad de ver la vida con objetividad y no dejarse llevar por la ilusión de una sociedad consumista que ha ido olvidando que las cosas más sencillas y cotidianas dan más felicidad y son fuente de contentamiento en medio de un mundo cada vez más exigente, aunque no por ello más feliz ni más exitoso necesariamente.

Índice de El árbol que quiso volar como los pájaros

1 Un arbolito de buen corazón

2 Nunca escuches a las margaritas vanidosas

3 Altagracia, la zenaida presumida

4 Moca y Pony, las perritas juguetonas

5 No abras tus oídos a todos los consejos

6 Pincho y Poncho, dos amigos espinosos

7 Helenita, la sabia tortolita

8 Obedece los buenos consejos de los árboles mayores

9 Ten cuidado con lo que deseas

10 ¿Quieres saber más?

 

El volumen incluye actividades de comprensión lectora (reimpresión del 2020). Puede obtenerse en los puntos de venta de Santillana de Guatemala, El Salvador y Honduras. En Guatemala también está disponible en librería Sophos y en las tiendas De Museo. Si desea más información sobre el proyecto Loqueleo de Santillana, pulse el siguiente enlace para ver un vídeo explicativo.

http://www.loqueleo.com/

 

«El canario y la rosa», de Julio Santizo Coronado (Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil)

cropped-white-roseEl canario y la rosa, de Julio Santizo Coronado (1965), fue publicado en mayo de 2018 bajo el sello Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil. Este proyecto reúne a escritores de toda Hispanoamérica «en un amplio catálogo editorial compuesto por títulos clásicos y contemporáneos, divididos en series adecuadas a cada edad: prelectores, niños y jóvenes». Este título está disponible en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Encontrará este título en el catálogo 2020 de Loqueleo, en las recomendaciones para estudiantes de tercer grado de primaria, clasificado bajo Autoestima, valentía y vida cotidiana. Va dirigido a lectores de 9 años o más. Su lectura, sin embargo, requiere más capacidad de comprensión lectora que su antecesor, El árbol que quiso volar como los pájaros.

Sinopsis

untitled«Marco libra desde la infancia una lucha interna. Aunque anhela desde el fondo de su corazón expresar amor todo el tiempo, sus experiencias a lo largo de la vida lo llevan en algunos momentos a ceder a una natural mala inclinación. Un cariñoso consejo que no ha podido olvidar lo lleva cierto día a reflexionar con sinceridad y ver sus defectos reflejados en algunos de sus semejantes. Eso le permite conocerse mejor y darse cuenta de lo que hay realmente en su interior. Aunque esta lucha puede ser difícil y prolongada, muchos han podido sacar lo mejor de sí y vencer al egoísmo, al punto de dar la vida por otros. ¿Lo logrará el pequeño Marco?».

El libro incluye las hermosas acuarelas de Diana Cruz, quien «nació el 28 de febrero de 1994 en la ciudad de Guatemala. Es ilustradora y diseñadora industrial. Sus proyectos de ilustración y diseño revelan una profunda influencia de la naturaleza en su concepción estética».

Análisis

El canario y la rosa aborda en un relato breve dividido en dos partes, Primavera y Otoño, el conflicto entre el querer ser y el deber ser. Este tema es tan antiguo como el deseo de ser mejores cuando, conscientes de que algo marcha mal, y a pesar de nuestros mejores esfuerzos, no logramos estar a la altura de nuestras aspiraciones.

En la mayoría de los casos, esta lucha emocional suele librarse como resultado de la influencia o la presión parentales. En esos casos, la batalla suele perderse pronto. No obstante, en algunas ocasiones el conflicto se vive de manera tan consciente y a edad tan precoz que suele continuar a lo largo de los años de desarrollo hasta que se alcanza cierto equilibrio al llegar a la madurez.

El título trae a la memoria uno de los cuentos del irlandés Oscar Wilde (El ruiseñor y la rosa). No obstante, y a pesar de la semejanza del título, el famoso cuento que el autor de El canario y la rosa leyó a temprana edad en el volumen El príncipe feliz y otros cuentos, solo comparte con aquel el tema secundario o subyacente: la abnegación, simbolizada en sendos libros por las aves.

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En lo que respecta a la dualidad humana, el comportamiento de algunos niños podría ser confundido con simples bravuconadas o berrinches que resultan del mimo y la condescendencia excesivos. Sin embargo, cabe recordar que hoy es cada vez más común el diagnóstico de menores con trastornos del estado de ánimo. Estos, que hunden sus raíces en la neuroquímica y por ende la genética, suelen ser objeto de una simplificación que raya en la simpleza, tal como sucede a menudo con el trastorno psicoafectivo bipolar. Nada más lejos de la realidad.

No obstante, tal reducción puede ser provechosa cuando se explican de manera didáctica tales afecciones del espíritu. Y la literatura no es ajena a tales explicaciones. Esto nos recuerda El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, obra literaria ya clásica del británico Robert Louis Stevenson, por citar solo un ejemplo.

En una época en la cual se ha llegado al extremo de evitar hablar de altruismo o abnegación, por considerarlos rarezas entre los valores humanos, El canario y la rosa se constituye en un instrumento literario que permite a los docentes y a los jóvenes estudiantes de 9 años o más analizar la necesidad de amor de la sociedad actual y profundizar en el porqué de las actuales carencias afectivas.

Índice de El canario y la rosa

Primera parte: Primavera

El amanecer

El despertar

Corazones cautivos

Vuela más alto

Entonces huyó la primavera

Segunda parte: Otoño

Abnegación, hermana del amor

Egoísmo, hermano del odio

Encuentro en el espejo

 

El volumen incluye actividades de comprensión lectora. Puede obtenerse en los puntos de venta de Santillana de Guatemala, El Salvador y Honduras. En Guatemala también está disponible en librería Sophos y en las tiendas De Museo. Si desea más información sobre el proyecto Loqueleo de Santillana, pulse el siguiente enlace para observar un vídeo explicativo.

http://www.loqueleo.com/

«Kiel», ¿el primer cuento? (1977)

cropped-white-rose¿Qué hace para entretenerse un niño de casi doce años que pasa muchas horas a solas en casa, en un nuevo vecindario, en un lugar donde disfruta de más libertad que en el antiguo barrio donde vivió hasta los diez años?

Mis padres se mudaron a esta casa en 1975. Después de casi cuarenta y tres años, mucho ha cambiado. La casa no es la misma… en sentido literal: mi madre duerme en la muerte, mi padre ha vuelto, viene a casa cada semana y se sienta a nuestra mesa. El jardín vuelve a llenarse de rosas y jazmines. En la terraza crecen los cactus y las suculentas.

Hay ahora una oficina en el extremo este de la nueva segunda planta. Mi esposa la construyó sobre la cuadragenaria casa. Ahí escribo, estudio, leo, hago memoria. Cubro las paredes con fotografías: las flores, mis perros, los aviones que piloté, la nave en la que terminé mis breves días de aviador, memorias de viajes, recuerdos de amigos.

Por inefable razón, en mi corazón se alimenta la permanente sensación de que mi existencia cambió por completo en 1972, en cuyo otoño llegué triunfal a los siete años de vida fuera del vientre. Mis padres trabajaban todo el día. Mi madre, profesora de artes y oficios, salía por las mañanas; al volver me servía el almuerzo preparado la víspera y retornaba al trabajo. Volvía al caer la tarde; y durante muchos años, demasiados para un niño, volvía a ausentarse un par de horas por las noches, pues enseñaba en la Universidad Popular.

Cuando la puerta se cerraba, el niño se quedaba a solas con el televisor. Entonces cubría la pantalla con un pliego de celofán rojo para crear la ilusión de la TV a colores que estaba fuera del alcance de los bolsillos de sus padres. Antes de que llegara 1975, viejas historias en blanco y negro llenaban su soledad. En los días finales de los años 1960 e inicios de los 1970, la televisión abierta (la única de entonces, con apenas tres canales, a los que se sumaría un cuarto en 1978) transmitía únicamente programas extranjeros en Guatemala.

Películas de los años 1940, 1950, 1960, comedias musicales, policiales, filmes basados en la literatura estadounidense del siglo XX, los clásicos del terror… todos tuvieron su día y le llenaron la cabeza de historias a aquel niño que cambió el barrio La Palmita por las angostas y ajardinadas calles de una colonia de la clase media trabajadora. Y así nacieron dos deseos: volar y escribir.

En aquellos días, las cintas basadas en las cruentas historias de la Segunda Guerra Mundial todavía eran muy populares. La guerra de Vietnam había terminado en 1975 y se hablaba de ella en todas partes. El hombre había llegado a la Luna en julio de 1969. La serie de televisión Twelve O’Clock High emocionaba a niños que pensaban solamente en estar al mando de un Boeing B-17 Flying Fortress, sin imaginar toda la realidad que se ocultaba tras el velo de romanticismo de aquellas míticas películas.

Una tarde de 1977, aquel niño salió de casa y tocó a la puerta de su vecino. Llevaba consigo un cuaderno. No recuerda si lo leyó en voz alta o si se lo dio a leer a su joven vecino. Este niño se ha ido haciendo viejo y, a decir verdad, no recuerda muy bien cómo llegó a escribir el que quizás fue su primer cuento, relato que pudo haber titulado Kiel.

«No hay nada nuevo bajo el sol» en lo que respecta al dolor y la miseria humana. Aquella historia no tenía nada de original, porque la maldad no ha cambiado, salvo la intensidad  de la crueldad, que aumenta imparable. Pero nunca falta quien busque un haz de compasión en medio de la oscuridad. Lo demuestra este artículo de Jacinto Antón publicado en El País.

https://elpais.com/cultura/2018/01/02/actualidad/1514915830_184485.html

¿De qué iba aquella historia? El piloto inglés de un caza Spitfire es derribado en Alemania, donde lo hacen prisionero (en la ciudad de Kiel, nombre seleccionado al azar en un mapa del Diccionario Enciclopédico Ilustrado Sopena). Su carcelero, un joven soldado alemán, simpatiza con el aviador británico y decide ayudarlo a escapar. Durante la fuga, el soldado nazi da la vida por su amigo británico, quien escapa y vuelve (no sabemos cómo) a su hogar.

El manuscrito se perdió en medio de los turbulentos días de las ausencias y los conflictos domésticos. Pero tanto el deseo de pilotar como el de escribir pervivieron. En 1980, el entonces adolescente hurtó el volumen de la poesía completa de Antonio Machado (Colección Austral) de la biblioteca de los padres de un compañero del cole. Nunca devolvió aquel libro. Pero sí les entregó a un par de estudiantes de la jornada vespertina del aburrido plantel un par de poemas que una chica de un grado superior envió sin pedir permiso a un programa de radio que los puso al aire. ¡Vaya sorpresa! Al menos eso cuenta la leyenda urbana. Ya he olvidado, y sigo escribiendo para poder seguir viviendo mientras llega el fin de todas las historias penosas y vuelven las historias felices para quedarse por siempre. 

Singing in the Rain (1952) con Gene Kelly

¿Quién está en primera base? (Abbott y Costello)

 

 

¿Adónde se fueron aquellos lectores? A propósito de «Relatos para la pira» (2012)


cropped-white-roseEn 2012, Ediciones del Jazmín publicó Relatos para la pira, libro que nació en la sala de redacción de Siglo 21, para ser más precisos, en la mesa de partos del suplemento para jóvenes Monitor, que se publicaba semanalmente en aquel diario guatemalteco.

En diciembre de 2003, le solicitaron al autor de Relatos para la pira escribir un artículo que satirizara las fiestas navideñas. Este se incluiría en la edición especial anti-Navidad. En aquellos días, influido por una película de Woody Allen, el autor escribió unas líneas que relacionaban al escritor, director, actor y músico con la fiesta comercial y de origen religioso más carente de espiritualidad, y también la que quizás esté rodeada de la mayor cantidad de mitos de la historia, con uno de los cuentos más conocidos y emulados que se hayan escrito sobre el jolgorio más confuso del planeta (y hasta hace poco el más atractivo, aunque en continua decadencia). Fue rechazado.

RELATOS PARA LA PIRALe encargaron una versión más moderada. El segundo relato también fue rechazado por los antinavideños editores que (¡oh, paradoja!) solían ridiculizar casi todas las cosas de las que hablaban en público o en privado. Hasta el único hijo del escritor montó en cólera cuando los leyó. El autor de Relatos para la pira celebró por ultima vez la Navidad en 1977, hasta donde recuerda o quiere recordar. No obstante, su hijo la celebraba entonces y (suponemos) sigue haciéndolo. En 2012, cuando desempolvó estas historias, el autor de Relatos para la pira comenzó a escribir, por mera distracción, más historias relacionadas por un hilo conductor, un alter ego (eso dicen): Karl Søndersøn. Estos relatos se publicaron en un librito de 54 páginas (extenso prólogo incluido, escrito por Ariel Batres Villagrán, amigo del autor a quien hacía poco había conocido gracias al blog El ideario de Facundo).

Algunos ejemplares fueron enviados al extranjero por correo y la versión original de los relatos también se publicó por separado en El ideario de Facundo. A algunos gustaron y los comentaron en la extinta bitácora. Han pasado siete años; les hemos perdido la huella a aquellos amables lectores con quienes el autor llegó a sostener correspondencia por un buen tiempo. ¡Se les extraña!

El autor escribió una versión extendida del libro, la cual tituló Todos los relatos para la pira, que no ha visto la luz sobre el papel, pues como él mismo escribió en otra parte («Escribir no sirve para nada», en Cartas a un hijo ausente): hay que pagar las cuentas y es mejor gastar la plata en comida para uno y los amigos. A continuación, tres comentarios que sendos lectores españoles escribieron hace seis o siete años, que habían estado guardados en un archivo de Word y que el autor creía perdidos.

Fogata y luna (2) CUBIERTAEn general, observo que todas las historias [de Julio Santizo Coronado] son una crítica al quehacer humano […], con un toque de humor muy sutil, a veces, y, otras, más evidente, que me impresiona y admiro. Religión, globalización, antiguas costumbres, violencia, armas, abogados, literatura, todas las áreas tienen su parte de crítica constructiva y un llamamiento a la autocrítica y al examen de conciencia. Me ha gustado Lo que sucedió el día que Karl Søndersøn leyó «Anoche hubo de lo mismo», […] muy bellamente escrito, pura literatura. Me ha encantado la descripción […] de esos seres vagando en una noche cualquiera en cualquier ciudad del mundo llamado «civilizado». […] servirá para dejar constancia de lo que sucedía en el planeta durante finales del siglo XX y comienzos del XXI. (Mar García Rojo, maestra; Madrid, España)

Lo queremos [a Karl Søndersøn] por lo mucho que dice en sus silencios cómplices. Lo queremos por su mordaz ironía que nos regala perlas […]. Lo queremos porque, aunque sepamos que sus nórdicos restos reposan en el Cimetière du Père Lachaise junto a Balzac, Proust y otros parientes, aún parece que quiera compartir con nosotros sus impresiones y sus palabras. (Luis Fernando García Barrero, químico; Zamora, España)

Terminé de leer, por segunda vez, Relatos para la pira. Me gustaron no mucho, sino muchísimo, por su fuerza y su impecable prosa. Me reí con el cuento Woody Allen y la Navidad y con el sorprendente final de El exhibicionista. Las peripecias de Karl Søndersøn me resultaron conmovedoras. (Mercedes Molinero, pintora; Madrid, España)

Ediciones del Jazmín, Guatemala, mayo de 2019

A las puertas de «Noviembre y póstumos conexos» (historia del libro y comentarios)

cropped-white-roseEl título Noviembre y póstumos conexos reúne relatos escritos en distintas épocas (entre 1983 y 2011) por Julio Santizo Coronado. La versión original, en la que algunos de estos cuentos se hallaban concatenados, fue objeto de un comentario titulado «Las palabras empezadas», por el escritor y periodista Maurice Echeverría.

No obstante, los relatos —algunos de los cuales se asemejaban más a epístolas reflexivas o a historias urbanas que a cuentos— estuvieron engavetados durante varios años. Paulatinamente, unos más se les adhirieron tímidamente aquí y allá en Guatemala, Honduras y El Salvador durante los viajes del autor. Luego de un tiempo, treinta relatos formaban un volumen dividido en tres partes. Este recibió el título Treinta días para noviembre. De esta colección, el autor ha decidido conservar veinte relatos a los que añadió uno que escribió en 1983, que no formaba parte del volumen.

El escritor y licenciado en Letras Ricardo Rivera Echeverría, quien fue testigo presencial de algunos de los años más oscuros, por qué no llamarlos así, del autor, escribió luego de leer el volumen el comentario titulado «La realidad a través de la ficción en busca de la redención».

Ahora, con más de medio siglo a cuestas, el autor desentierra algunas de estas historias que no pretenden ser cuentos, sino, a lo mejor, retazos de una vida que comenzó en noviembre, en el otoño, y que se halla justo en la misma estación de la existencia.

A continuación transcribimos las palabras de los escritores Maurice Echeverría y Ricardo Rivera Echeverría dedicadas a estos fragmentos de vida que han sido llamados de nuevo, porque siempre se vuelve y porque «veinte años no es nada», Noviembre y póstumos conexos.

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Las palabras empezadas

La conciencia bien podría ser esa forma de atar planos, ese recinto en donde estos se remiten constantemente de uno al otro, en secuencias y prolongaciones. En ese movimiento se va dibujando un imago mundi, una nervadura o maridaje vital que describe al hombre mismo.

Diríamos que Julio Santizo Coronado quiso aquí levantar la complejidad misma de la conciencia, de la suya propia. El juego de saltar de una atmósfera a otra absolutamente distinta es el juego mismo de nuestro pensamiento, de nuestra particular emoción. Una situación nunca es una: son muchas o varias que se atraviesan, imbricadas, segregativas y multiplicadas, como en una figura de varias versiones. Nuestra emoción, agregarlo cabe, es el dispendio de tantas anécdotas y formas de comprobar la vida. Un abecedario, una diáspora.

Noviembre y póstumos conexos parte de un relato central y conductor, al cual se adhieren otros más. Le sirve esta historia a su autor como ignición narrativa hacia otras historias. Uno podría decir, a partir del modelo aquí ensayado, que todas las historias son una misma, de lo mismo están hechas, aunque no lo parezca. Sorpresivamente, en el mundo siempre está sucediendo una juntura.

El escritor es por naturaleza el que descubre esta juntura, estas junturas, que hunde su prosa participante en el galimatías del vivir, para extraer algún nexo. El escritor es el heraldo vital, el que está en medio de las cosas, y deja que estas se comuniquen por medio de él. Legislador o codificador, en su oficio de nombrar concibe los sistemas ocultos, si perdonan la mística. Todo nombramiento —perdonen de nuevo— nos brinda la consistencia refulgente y razonadora del todo.

Habría que bajar el tono meditativo para comprender cómo aquí tantas historias caben en la conciencia humana, unificadas. Un hombre es el depositario de cuántos instantes: habla con una mujer, imagina el futuro, escribe cualquier cosa, se hace un café, desaparece ante el espejo. Así conviene en ser.

Historias como palabras. Al fin, ¿no es el lenguaje mismo el ejercicio más acabado de la intermediación? Las palabras son vociferaciones siempre acompañadas. Una palabra, diríamos más, siempre está empezada, pues siempre viene de una anterior que la postula y la hace nacer.

Maurice Echeverría, escritor y periodista guatemalteco

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La realidad a través de la ficción en busca de la redención

Con una pretensión un tanto intelectual, me propongo describir un mundo de particulares realidades en donde el universo de la ficción nos va llevando cual juego de cartas, unas abiertas y otras muy bien escondidas, a un sinnúmero de retratos y circunstancias en donde la naturaleza humana, y, por qué no decirlo, el hombre mismo, se ven involucrados en un azar o suerte.

No obstante, no por estar destinado de antemano a un determinado fin pierde, sino acentúa esa cualidad intrínseca que el don de la palabra, paso a paso, va obsequiando, y que al llegar al término de cada relato de Noviembre y póstumos conexos, del escritor Julio Santizo Coronado, nos va llevando el autor con gran tino e inteligencia literaria a toda una serie de impresiones, sensaciones y emociones en las que el lector podría involucrarse y pasar en su momento de una historia capaz de llevarlo a sonreír y, por qué no, a carcajearse y sentirse enternecido, hasta el punto más elevado y culminante de los hombres, que es el de abrir su pecho a corazón abierto al dolor, no solo propio, sino al de todos, que al fin de cuentas resulta siendo el mío, el tuyo, el nuestro.

Y tal como define el autor el libro, son realidades de ficción siempre pendientes y atentas a demostrarnos que la realidad, por ficción que sea, nunca dejará de estar cual dedo índice de la mano del cuerpo de la vida apuntándote directamente a los ojos, para así recordarte que no es posible obviarla, y mucho menos volverle la espalda. Porque siempre, y al fin de cuentas, volverás a verla a los ojos, aunque esta, al devolverte la mirada, te convierta, tal como le sucedió a la mujer de Lot en el Génesis bíblico, en una inquietante y estupefacta estatua de sal.

Así que no nos queda más que aceptar la invitación que nos hace el escritor Julio Santizo Coronado, para que lo acompañemos en un paseo literario por el «laberinto» del «callejón infinito» de la paranoia, con un «grito en la oscuridad», sin que por ello nos importe «perder la partida» con un jaque mate —¿acaso nuestra única partida?—, mientras degustamos en el recuerdo de la memoria el «dulce aroma del pan» con una taza de exquisito café. Y, aun así, no poder obviar las tristes lágrimas de alguna mujer sin más nombre que su soledad, que se asoman sin verse en una «sombra bajo la luz de la luna» y que recuerda a alguien, o a muchos, que a veces algunas madres mueren más de una vez en vida que en la muerte misma, acaso más que por el corte de un filoso «machete», por la repetición de los dolores y de las angustias de un alma deseosa de redención.

Ricardo Rivera Echeverría, escritor y licenciado en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala

Ediciones del Jazmín, Guatemala

Estos cuentos viejos, antañones como mi cuerpo, gritan en la oscuridad. Se elevan y se desvanecen como el humo, se disipan como el vaho que exhala la tierra mojada por la lluvia del trópico, se ahogan en las aguas a donde las nubes los llevan mecidos por el viento del tiempo. Julio Santizo Coronado