Confesiones de un escribiente (2)

cropped-white-roseQuién no ha tomado un libro, más con en el afán de huir que de quedarse en el presente y con él en las manos. Aunque en los días de la adolescencia ―los años de verano vital que se prolongan demasiado y que parecen hacerlo con la intención de que nos preparemos para el frío del otoño y el silencio del invierno― me sumergía en unos cuantos libros (nunca fueron ni muchos ni demasiados) para escapar del tedio, llegué a preferir los relatos que describían la realidad y su crudeza. En vez de escapar de él, buscaba el dolor para entenderlo. ¿Sirvió de algo?

Una sabia sentencia afirma que la maldad es superflua, que está de más. Se ha dicho (muchos han llegado a creerlo) que la bondad no puede existir sin la maldad. ¿Tiene eso algún sentido? Si lo tiene, ¿por qué entonces se quejan tantos del abuso, del delito, de la displicencia… y por qué aumenta la maldad y se afinca poco a poco en las entrañas y en las mentes de tantos al punto de que mientras avanzan los días y los años, todo lo que se consideraba o era bueno parece desaparecer?

Como dije ―escribí― en cierta ocasión, ya no leo por placer. Lo hago muy poco. Mis lecturas se limitan a las del trabajo (hablo de literatura). Me deleito mucho más, a pesar del malestar que pueda suponer oponerse a la corriente, en buscar el fin de todo lo malo que hay, primero en mí mismo y más tarde en lo que me rodea, pero ya no en los demás (o al menos así debería ser). Cada cual responderá por sí mismo y recibirá en el futuro lo que hoy construya, lo que hoy siembre en el campo sin arar de su existencia.

No niego que me agrada la ficción, especialmente la científica. Pero disfruto más del drama psicológico… y ahora hablo de películas, ese sucedáneo de los libros que algunos suelen desdeñar como cosa de perezosos intelectuales (en lo que alguna razón hay quizás). Pero ahora creo que los libros no deben ser aviones de papel para escapar, sino casas en las que aprendamos a habitar con nosotros mismos, hoy y siempre.

Julio Santizo Coronado, 23 de noviembre de 2019