Días de pesimismo y optimismo

cropped-white-roseEl Diccionario define el pesimismo como la «propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable». En efecto, hay quienes van por la vida derramando amargura detrás de una falsa apariencia de realismo. No obstante, no arremeteremos contra los falsos optimistas blandiendo una apología de las realidades del día a día. El objetivo de estas palabras es demostrar que ser realista no implica ser pesimista y, por otra parte, que hasta los optimistas pueden desanimarse profundamente en ciertas ocasiones.

En efecto, el pesimismo se relaciona con el desánimo en el sentido de que quien se deja abatir por la angustia en los momentos difíciles pierde, como dice un antiguo proverbio hebreo, poder o fuerzas para seguir con su vida. En otras palabras, quien pierde la confianza o deja de asirse de aquello que le infunde ánimo (algo que todos necesitamos) se coloca en una situación peligrosa, pues puede sumirse en la depresión y, en algunos casos, en la desesperanza que conduce a extremos suicidas.

Veámoslo desde otro ángulo. La definición filosófica del pesimismo reza: «Doctrina que insiste en los aspectos negativos de la realidad y el predominio del mal sobre el bien». Ser realista y reconocer que ciertas cosas no van a mejorar, sino a empeorar (porque la evidencia y la lógica lo demuestran), no tiene por qué sumirnos en la infelicidad o impedirnos vivir con contentamiento.

Ver las cosas con realismo tampoco debería impedirnos disfrutar de las cosas buenas de la vida. No obstante, los pesimistas de oficio son incapaces de asombrarse, no ven novedad ni belleza alguna en nada y suelen pensar que la maldad es imprescindible para que exista el bien. De hecho, las manifestaciones artísticas de hoy ―el cine es el escaparate más notorio― llevan a pensar que los amantes del pesimismo anhelan un mundo oscuro, sombrío, teñido de la falsa libertad que algunos llaman anarquía.

Se dice que los libros son nuestros amigos y, sin embargo, tanto los libros como las personas influyen en nosotros para bien o para mal. ¿Quién no se ha descubierto a sí mismo en el espejo diario como alguien derrotista, colmado de amargura, egoísta hasta el límite de la misantropía que conduce en casos extremos al odio por la humanidad y por todo lo que ella representa para la vida racional y el amor? Falsos amigos se agazapan debajo de las cubiertas de algunos libros que esconden pensamientos que infunden rencor y decepción que conducen a una soledad malsana (porque también la hay saludable).

Ser optimista y tener una actitud positiva ante la vida no lidia con reconocer que los hechos muestran a las claras que ciertas cosas son como son. Quien es realista no se engaña a sí mismo pensando que todo está bien a pesar de la pruebas en contra. De hecho, pensar así impide reconocer ciertos peligros que pueden llegar a causarnos mucho daño.

Pero ¿acaso ser realista y optimista nos hace infalibles? No. Un antiguo proverbio hebreo admite que «a un sabio la opresión puede llevarlo a la locura». Seres humanos reconocidos por su valor y cualidades como la lealtad y la fidelidad han llegado a ceder a la ineludible tristeza que de vez en cuando nos invade a todos. Vivimos en sociedades incapaces de reconocer el verdadero optimismo que conduce a la felicidad, estamos en medio de un mundo cada día más enfermo de frialdad y pesimismo. Y, no obstante, algunos luchamos por mantener la cabeza fría, ser felices y vivir con optimismo sin querer ver en la realidad algo que no está más que en la querencia de los que van por la vida con una venda de ilusiones sobre los ojos.

Julio Santizo Coronado, 14 de marzo de 2020

Terapia electroconvulsiva moral

cropped-white-roseEn estos días volví al laboratorio humano de la experiencia e hice un nuevo intento, ahora con una coraza de mayor calibre, de interactuar en las redes [anti]sociales. Algunos (muy pocos me atrevo a asegurar) nos asombramos ―y no dejamos de hacerlo― del estado mental de la humanidad, de esa condición que no es más que la imperfección de la que, no obstante, la mayoría ni siquiera se ha enterado ni se enterará, aun cuando sus vidas terminen fulminadas por el relámpago.

Ser testigo de la intimidad de la escritura ajena y de los pensamientos de todos esos seres extraños. Ver de cerca la ausencia de modestia y la sobreabundancia de altanería, de competitividad (la nueva envidia) y de grosera brutalidad intelectual en el más bestial de los sentidos da el impulso que se requiere para volver a recluirse en el claustro del silencio. Y uno no deja de preguntarse, aunque sepa que las cosas no dan para más y que nosotros mismos somos incapaces de huir de lo mismo que nos causa estupor, si es posible confiar en los demás o siquiera en uno mismo. La respuesta es obvia. Así, permanece la certeza de que esta es la manera natural y lógica en que los asuntos de la banalidad humana debían desembocar en el mar del fango de los corazones de la última generación de este mundo agonizante.

De sopetón y sin anestesia, recibí en estos días un baldazo de realidad que espero que sea el final de mi experimento. Es sumamente peligroso perder de vista las carencias morales del sistema: no vaya a ser que uno caiga en la coladera en vez de seguir nadando a contramano. Y es fácil que eso suceda cuando la candidez nos rebasa para meternos zancadilla a la vuelta de la esquina. Prefiero el conflicto que me obligue a permanecer dentro y no el que me seduzca y me haga salir de la seguridad que me da ver las cosas sin la ansiedad que la zozobra provoca en quienes siguen esperando que brote lo bueno de lo irremediablemente descompuesto.

De vez en cuando se necesita una descarga de electricidad, un choque electroconvulsivo que nos libre de la abulia de la depresión, de la agitación desmedida de la manía o de la indiferencia de la catatonia de nuestros corazones y de nuestras mentes.

Julio Santizo Coronado, 21 de febrero de 2020

«El árbol que quiso volar como los pájaros», disponible en El Salvador, Honduras y Guatemala (Loqueleo, Santillana Infantil y Juvenil)

cropped-white-roseEl árbol que quiso volar como los pájaros, del guatemalteco Julio Santizo Coronado (1965), escrito en noviembre de 2016 en Nicaragua, fue publicado en 2017 bajo el sello Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil. Loqueleo es un proyecto que reúne a escritores de toda Hispanoamérica y que incluye en su catálogo tanto títulos clásicos como obras contemporáneas de autores de la región. Los libros están divididos en series que se adecuan a cada edad: prelectores, niños y jóvenes.

untitledEn el catálogo 2020 de Loqueleo, los profesores hallarán este título en las recomendaciones para estudiantes de tercer grado de educación primaria, clasificado bajo Amor, autoestima y sabiduría. Va dirigido a lectores de 9 años o más. Se recomienda la lectura de este título antes de El canario y la rosa, del mismo autor, ya que su estructura es menos compleja. El árbol que quiso volar como los pájaros está disponible en Guatemala, El Salvador y Honduras en los puntos de venta de Editorial Santillana. En Guatemala, también se puede adquirir en la librería Sophos (zona 10 de la ciudad de Guatemala) y en todas las tiendas De Museo.

Sinopsis

«Los seres humanos se asemejan a dichosos árboles que crecen junto a ríos refrescantes, plantados en arboledas protectoras. Todo está a su alcance, nada temen; la vida es grata y segura. No obstante, algunos “arbolitos” desean aquello que no les corresponde. Dejándose llevar por meras palabras, han llegado a creer que se pierden de algo cuando en realidad lo tienen todo. Debido al anhelo egoísta o al capricho, pierden de vista lo más importante: el amor que se les brinda».

El libro incluye las hermosas ilustraciones de César Pineda Moncrieff, artista visual guatemalteco nacido en 1980, autodidacta y diseñador gráfico de profesión con estudios en la Universidad Rafael Landívar. Pineda Moncrieff trabaja desde 2005 en agencias de publicidad en donde se desempeña como creativo gráfico. En su trabajo artístico experimenta con diversos materiales y formatos. Ha participado en diversas exposiciones en Guatemala y otros países. En 2014, su trabajo fue recogido en el libro Impacto latino, las mejores ilustraciones latinoamericanas, que fue publicado por la Universidad de Palermo en Argentina.

Estructura y análisis

El árbol que quiso volar como los pájaros está dividido en 10 breves capítulos. Aborda mediante situaciones ejemplares el tema del contentamiento y explica cómo este puede llegar a ser la clave de la felicidad aun en medio de los problemas y las inquietudes cotidianas. No debe entenderse el estar contento con lo presente como simple conformismo, sino como un estado de paz consigo mismo y con los demás, que se obtiene de tener los pies sobre la tierra y enfrentar la vida con realismo. Incluye una prueba de comprensión lectora al final del libro.

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Calificado por algunos como una fábula, a pesar de no serlo desde el punto de vista formal, El árbol que quiso volar como los pájaros abraza en su breve narración dividida en capítulos cuyos protagonistas son aves y plantas, varios temas secundarios íntimamente ligados con la búsqueda de la felicidad, como la amistad, la tolerancia o la capacidad de soportarse unos a otros. Además, exhorta al lector a recibir con gusto los buenos consejos y rechazar la adulación y la lisonja de quienes no desean nuestro bienestar.

Este y otros libros del autor son un atisbo a la intimidad emocional de quien ha rebasado el medio siglo de vida sin dejar de observar, escuchar y aprender, tanto de lo bueno como de lo malo sin perder la sensibilidad ni dejar de ser consciente de que la búsqueda de la felicidad y el equilibrio no solo requieren constancia, sino que son bienes frágiles, siempre rodeados de derrotas y pequeñas victorias que deben asumirse en su momento.

En una época en la cual muchos han llegado a reconocer que la competitividad ha llegado a rebasar los límites admisibles, y cuando muchos niños y adolescentes han llegado al extremo de darles fin a sus vidas por meras banalidades o debido a la presión que el sistema les impone, El árbol que quiso volar como los pájaros se constituye en un instrumento literario que permite a los docentes y a los jóvenes alumnos de 9 años o más analizar la necesidad de ver la vida con objetividad y no dejarse llevar por la ilusión de una sociedad consumista que ha ido olvidando que las cosas más sencillas y cotidianas dan más felicidad y son fuente de contentamiento en medio de un mundo cada vez más exigente, aunque no necesariamente más feliz ni más exitoso.

Índice de El árbol que quiso volar como los pájaros

1 Un arbolito de buen corazón

2 Nunca escuches a las margaritas vanidosas

3 Altagracia, la zenaida presumida

4 Moca y Pony, las perritas juguetonas

5 No abras tus oídos a todos los consejos

6 Pincho y Poncho, dos amigos espinosos

7 Helenita, la sabia tortolita

8 Obedece los buenos consejos de los árboles mayores

9 Ten cuidado con lo que deseas

10 ¿Quieres saber más?

Si desea más información sobre el proyecto Loqueleo de Santillana, pulse el siguiente enlace para observar un vídeo explicativo.

http://www.loqueleo.com/

Julio Santizo Coronado

Nació en la ciudad de Guatemala en 1965. Cursó el bachillerato humanístico en la Universidad Rafael Landívar (1981-1982). Piloto aviador estudiante y privado (1982-1984). Profesor de francés en una secundaria y corrector de publicidad (1985-1988). Ministerio de Educación de Guatemala y Fundación para la Promoción de la Educación Rural en Centroamérica y Panamá (1988-1996). Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala (1989-1993). Corrector, editor y redactor en periódicos y revistas (1999-2011). Ha publicado en formato físico y electrónico Poesía incompleta (2012), Relatos para la pira (2012), Cartas a un hijo ausente (2013), Las horas de mi madre (2013), Poesía innombrable (2013), Palabras del agua y de la mar (2016). Compilador de El Fu Lu Sho de los recuerdos (2012). Santillana ha publicado en la colección Loqueleo El árbol que quiso volar como los pájaros (2017) y El canario y la rosa (2018). También ha escrito Todos los relatos para la pira (versión de descarga gratuita en WordPress), Noviembre y póstumos conexos (cuentos) y El libro que enseñaba a escribir (2019, inédito).

«Palabras del agua y de la mar» (texto de la edición de 2016 revisado, 2019)

cropped-white-rosePalabras del agua y de la mar reúne textos en verso libre y prosa escritos principalmente entre 2011 y 2014, salvo Memento mori (2000) y Escribir (1993), publicado este último en Diario El Gráfico ese mismo año en el suplemento literario.

Fueron eliminados dos textos: Versos arrancados de la inocencia truncada (1985), luego de ponderar la posibilidad de una publicación íntegra por primera vez del original, que le fue devuelto al autor hace varios años; y Algunas veces, solamente a veces (2011), que el autor estimó de escaso valor y no más trascendente que una excusa para el comportamiento de un paciente bipolar.

Todos los textos fueron revisados por el autor. Se hallaron erratas, se eliminó ripio, algunas frases fueron modificadas y se tacharon algunas líneas y ciertos versos. No obstante, no debe pensarse que es un libro nuevo. La esencia, su espíritu, continúa intacta.

El texto se basa en la publicación del original en formato de revista, impreso por Magna Terra Editores en 2016, cuya tirada fue de 1,000 ejemplares. Conserva el prólogo del poeta y músico guatemalteco Paolo Guinea y la traducción al flamenco de Jazmines a la luz de la luna (lecciones de humildad de las amapolas), que vertió a esta lengua la poetisa belga Iris Van de Casteele (1931-2015), amiga del autor. Descargue el PDF o léalo en línea mediante el siguiente enlace.

Palabras del agua y de la mar (revisión 2019) Ediciones del Jazmín