Confesiones de un escribiente (6: Si no te escuchan, habla con los animales)

cropped-white-rose«Inmoderado y excesivo amor a sí mismo»; así define el Diccionario el egoísmo, y añade que quien abriga este sentimiento «atiende desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás». Entender esto puede confundir a quien suele verse como una persona sumamente egoísta quien, empero, halla la fuente de sus continuas decepciones en una inefable incapacidad de comunicarse con el prójimo de manera efectiva y de establecer relaciones afectivas filiales estables y duraderas tras las cuales ha corrido a lo largo de la breve vida. En mi caso, sin embargo, me ha dado la gran ventaja de aprender a hablar con los animales (no es ningún sarcasmo, créanme).

He buscado una explicación a este fenómeno en las razones más radicales, desde la imperfecta condición humana hasta los trastornos del estado del ánimo, un pasado (real o imaginario) conflictivo hasta en algún error en el desarrollo emocional causado por una imaginación infantil violentada. Aseguran algunos que todo eso no está más que en los recuerdos y, no obstante, está… es, existe, y nadie más puede verlo o entenderlo, porque ni uno mismo es capaz de lograrlo, y menos cuando se llega a dudar de la autenticidad de la propia existencia.

El cereal no me sabe igual

El cartón ya no huele a cartón, el cereal ya no sabe a cereal, la leche tibia es menos dulce y ya no hay blancos bigotes felinos para mí. Post® ya no significa nada, no huele a nada, no sabe a nada. Por más que me esforcé por mantener vivo al pequeño, este murió de hipotermia, de soledad, de tristeza… murió de ser él mismo.

Los sonidos de la noche

Un rumor que se parece a la lluvia asoma sus ojos a través de la ventana de la cocina que, alumbrada, reluce como un faro para quien pasa por la avenida. Un tictac que más bien es un zumbido se desespera en su loca carrera por alcanzar al viento. Una nevera que se ha hecho vieja y que se ha llenado de cicatrices más que de viandas, dos perros que roncan en un sofá y en una caja. Pero… ¡escuchen! Oigan con mucha atención: ¡han muerto los grillos!

Julio Santizo Coronado, 11 de marzo de 2020

«Poesía innombrable» (basado en el texto original de 2012)

cropped-white-roseEn medio del fluir de las ideas, del constante cambio de la dirección del viento del pensamiento de quien vive con la risa, el llanto, la impulsividad, el regocijo y la pesadumbre que provoca la oscuridad propia y ajena, una mirada a la esperanza permite que el espíritu del hombre halle un sitio silencioso a la sombra de un árbol de paz. ¿No es eso lo que todos deseamos?

El autor no se define como una «buena persona». Esta es una idea que llega a despertar su repulsa en los días de más claridad, porque entiende lo que significa vivir con la oscuridad a cuestas, porque al dirigir su mirada al mundo, que es cada día más corrupto, su corazón se lamenta ante la ironía del dicho: «Somos más los buenos que los malos». ¿Tiene eso hoy acaso algún sentido?

Sin duda, hoy es más cierto que nunca que se nombra dulce a lo amargo y amargo a lo dulce. Y el autor, nadie en realidad, es ajeno a la negrura de la carne humana, ni al lastre que como ancla atada al cuello nos arrastra al fondo del océano de la engañosa condición del corazón humano. Sin embargo, hay días lúcidos, noches tranquilas, tardes de lluvia en las que un pichón caído del árbol puede ser la chispa de ignición que nos haga ver hacia atrás y enumerar los años y pesarlos en la balanza del tiempo.

Descargue Poesía innombrable con solo pulsar el siguiente enlace.

Poesía innombrable (revisión 2019) Ediciones del Jazmín

Ediciones del Jazmín, mayo de 2019