Confesiones de un escribiente (2)

cropped-white-roseQuién no ha tomado un libro, más con en el afán de huir que de quedarse en el presente y con él en las manos. Aunque en los días de la adolescencia ―los años de verano vital que se prolongan demasiado y que parecen hacerlo con la intención de que nos preparemos para el frío del otoño y el silencio del invierno― me sumergía en unos cuantos libros (nunca fueron ni muchos ni demasiados) para escapar del tedio, llegué a preferir los relatos que describían la realidad y su crudeza. En vez de escapar de él, buscaba el dolor para entenderlo. ¿Sirvió de algo?

Una sabia sentencia afirma que la maldad es superflua, que está de más. Se ha dicho (muchos han llegado a creerlo) que la bondad no puede existir sin la maldad. ¿Tiene eso algún sentido? Si lo tiene, ¿por qué entonces se quejan tantos del abuso, del delito, de la displicencia… y por qué aumenta la maldad y se afinca poco a poco en las entrañas y en las mentes de tantos al punto de que mientras avanzan los días y los años, todo lo que se consideraba o era bueno parece desaparecer?

Como dije ―escribí― en cierta ocasión, ya no leo por placer. Lo hago muy poco. Mis lecturas se limitan a las del trabajo (hablo de literatura). Me deleito mucho más, a pesar del malestar que pueda suponer oponerse a la corriente, en buscar el fin de todo lo malo que hay, primero en mí mismo y más tarde en lo que me rodea, pero ya no en los demás (o al menos así debería ser). Cada cual responderá por sí mismo y recibirá en el futuro lo que hoy construya, lo que hoy siembre en el campo sin arar de su existencia.

No niego que me agrada la ficción, especialmente la científica. Pero disfruto más del drama psicológico… y ahora hablo de películas, ese sucedáneo de los libros que algunos suelen desdeñar como cosa de perezosos intelectuales (en lo que alguna razón hay quizás). Pero ahora creo que los libros no deben ser aviones de papel para escapar, sino casas en las que aprendamos a habitar con nosotros mismos, hoy y siempre.

Julio Santizo Coronado, 23 de noviembre de 2019

De la soledad, el elogio y la misantropía

cropped-white-roseQuien se sienta descontento consigo mismo y defraudado por su humanidad quizás se crea tan solitario que ni siquiera el acompañarse a sí mismo le resulte reconfortante en ciertos días. Mucho menos alentadora y vigorizadora será la compañía de aquellos que se encuentran en la misma situación y que, no obstante, no ven o no desean ver su propia porción de desgracia humana. Ambas opciones pueden conducir eventualmente al deseo de anulación total, para usar un eufemismo.

Soledad. 1. f. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía. […] 3. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Cuando la carencia de compañía es voluntaria, la soledad es soportable. Esta puede llegar a ser beneficiosa en algunas ocasiones. Mientras más avanza el siglo de la enajenación, el deseo de vivir en soledad se agiganta. Así, quienes abandonan a sus semejantes podrían ser la causa de la carencia de compañía involuntaria de quienes desean aferrarse al gregarismo. No importa que el deseo de compañía de estos últimos nazca de una personalidad de matices caninos y amor al varapalo, o que su querencia sencillamente obedezca a la persecución ciega del rebaño, quizás porque nunca aprendieron a sentarse en soledad y a cultivar el amor al silencio.

Elogio. 1. m. Alabanza de las cualidades y los méritos de alguien o de algo.

Quien elogia a menudo empalaga. Hay quienes elogian y, no obstante, al recibir censura de aquel a quien han elogiado olvidan toda cualidad o mérito, real o imaginario, del que se haya originado tal alabanza. Eso es orgullo fatuo. En otro lado del elogio adulador están quienes lo reciben como un galardón más que merecido, uno que infla el ego y lo ensalza, para colocarlo sobre un pedestal hecho de poco menos que viento. No obstante, existen quienes huyen del elogio. Callan ante él, sonríen dulcemente al oírlo e incluso llegan a temer perderse en las meras palabras y olvidar quiénes son: su desgracia humana, que conviene recordar de vez en cuando. El elogio sincero siempre será una rareza. Y recibirlo con modestia será siempre un reto.

Cuando la soledad no es carencia, sino búsqueda voluntaria y ganancia; y si a ella se añade la vergüenza de ser conscientes de nuestra verdadera condición humana (esa que demasiados no ven, muchos no han visto y que la mayoría nunca verá), entonces queda para algunos cuantos volver a la misantropía.

Misantropía. 1. f. Aversión al trato con otras personas.

Pero no se malentienda. El rechazo no tiene por qué convertirse en repugnancia. Esta actitud evasiva bien puede constituirse en el escaparate por el cual desfile esa cosa etérea e inasible, inexistente a la postre, que solemos llamar tiempo. Además, en esa vitrina podemos ver las rarezas y las virtudes, las lacras y los conflictos, las bellezas y las bondades que se mezclan y se combinan, pero que nunca cuajan en este mar sin quietud que llamamos humanidad.

Julio Santizo Coronado, 27 de julio de 2019

«Las horas de mi madre» (basado en el texto original de 2013)

cropped-white-roseEl prejuicio nace de la ignorancia. No deberíamos mencionarlo para no caer en el ridículo de la obviedad. Los vericuetos de la intimidad doméstica ajena son incomprensibles. No obstante, hay aquellos cuya arrogancia y altivez terminan por echar raíces venenosas en tierra extraña.

Hay quien toma la vara y el fuste del desprecio para repartir azotes por causa de la ordinaria y superflua envidia que nace de los celos. Como Caín, quien mató a su hermano en vez de mirar sin hipocresía su propio corazón para cambiar de derrotero.

Una luz se vislumbra en las intenciones, pero con el tiempo se revela la oscura verdad: heridas, división, dolor, abuso emocional. Se siembran las semillas de la ira en una tierra regada por años de ruptura con la vida, durante los cuales madre e hijo se conocieron de una manera que solo ellos eran capaces de comprender y que algunos, muchos, ¡demasiados!, se atrevieron a juzgar con una soga en la mano y el patíbulo al final del camino.

Horas JSC CopyLas plagas que desangran a la sociedad moribunda de nuestros días, como la xenofobia y el racismo virulentos y divisivos, crecen en el campo de la ignorancia y el prejuicio con el fertilizante de lo insulso. Los aleatorios nombres de las naciones dejarán de existir y sin remedio volverán a lo que fueron: nada, meras palabras arbitrarias.

Quienes siguen adhiriéndose a lo superficial cumplen un propósito en este breve espacio a punto de terminar: son el combustible que enciende la llama debajo del crisol donde el oro valioso se libera de la escoria día a día: lo horripilante que nos aleja con repugnancia de nosotros mismos cuando reconocemos que no somos libres, cuando el pavor nos dice que podemos llegar a convertirnos en lo mismo que aquellos. Y mientras se piensa en eso y se lucha por olvidar, se cuentan los años, los meses, las semanas, las horas… las horas de una madre.

En el siguiente enlace se puede descargar el PDF o leer en línea Las horas de mi madre.

Las horas de mi madre (revisión 2019) Ediciones del Jazmín

Ediciones del Jazmín, mayo de 2019

A falta de prólogo, una carta abierta para el autor

Si en el mundo, mi caro Julio, quedáramos solo nosotros dos, no tendría que escribir un prólogo, sino una carta. Y tu libro y mi carta tendrían más sentido en esas circunstancias, porque no somos más que dos seres que hablan en una habitación vacía que solo les devuelve el eco.

Y la carta diría que leerte es estar un poco en todas partes. Diría también que lo que más atesoro de este libro es su honestidad. Digo honestidad y no transparencia, porque a veces siento que para entenderte nos falta a todos todavía mucho mundo.

Parece que los rotos y los insomnes se reconocen mutuamente. Es un gusto sabernos amigos.

Marvin Monzón
Guatemala, día 18 del tortuoso mayo de 2019, 3:50 h

«Palabras del agua y de la mar» (texto de la edición de 2016 revisado, 2019)

cropped-white-rosePalabras del agua y de la mar reúne textos en verso libre y prosa escritos principalmente entre 2011 y 2014, salvo Memento mori (2000) y Escribir (1993), publicado este último en Diario El Gráfico ese mismo año en el suplemento literario.

Fueron eliminados dos textos: Versos arrancados de la inocencia truncada (1985), luego de ponderar la posibilidad de una publicación íntegra por primera vez del original, que le fue devuelto al autor hace varios años; y Algunas veces, solamente a veces (2011), que el autor estimó de escaso valor y no más trascendente que una excusa para el comportamiento de un paciente bipolar.

Todos los textos fueron revisados por el autor. Se hallaron erratas, se eliminó ripio, algunas frases fueron modificadas y se tacharon algunas líneas y ciertos versos. No obstante, no debe pensarse que es un libro nuevo. La esencia, su espíritu, continúa intacta.

El texto se basa en la publicación del original en formato de revista, impreso por Magna Terra Editores en 2016, cuya tirada fue de 1,000 ejemplares. Conserva el prólogo del poeta y músico guatemalteco Paolo Guinea y la traducción al flamenco de Jazmines a la luz de la luna (lecciones de humildad de las amapolas), que vertió a esta lengua la poetisa belga Iris Van de Casteele (1931-2015), amiga del autor. Descargue el PDF o léalo en línea mediante el siguiente enlace.

Palabras del agua y de la mar (revisión 2019) Ediciones del Jazmín